viernes, 01 de febrero de 2008
Yo, Alonso de Paones, leones y caballero de la Orden de Santa María de Monte Gaudio, segundo hijo del conde de Sobarriba, vasallo del rey de León Fernando el Segundo, que es apodado El Noble, soy uno de los últimos cuatro hermanos de la orden que queda en Tierra Santa.

Hemos luchado contra Saladino e incluso le hemos vencido en alguna ocasión; sin embargo no hemos sido capaces de salir victoriosos de las intrigas palaciegas que nos han abocado a lo que hoy, día segundo de octubre del Año de Nuestro Señor de mil y ciento setenta y ocho, va a convertirse en una de las fechas más negras y míseras de la Cristiandad.
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Pero yo, por desgracia mía, no estoy tampoco libre de faltas al Altísimo. Quizá pude matar a Saladino y terminar con un enemigo poderoso de Dios, Nuestro Señor. Pero no lo hice; no pude. Aunque ese no es mi mayor pecado; el más miserable y pernicioso es que amo lo prohibido, y la imagen de mi amada Jimena ha estado, desde que casó con el conde de Mansilla, presente en las zozobras y tormentas de mi corazón.
Tanto es así, que ahora que me dispongo a acometer la última carga contra un grupo de infieles, pienso en ella para evitar que Dios tenga la más mínima duda, y este pecador, quede sepultado a los fuegos del infierno.
Aquí, en lo alto de la Colina del Gozo, desde la que los primeros cruzados vieron la Santa Ciudad y derramaron lágrimas de alegría, yo me dispongo a cerrar mis cuentas con Cristo y comenzarlas con el demonio y en el fuego eterno.
He picado espuelas y junto a mis compañeros de orden, los últimos cuatro caballeros de la Orden de Monte Gaudio que quedan en Tierra Santa, me dispongo a quedar en manos de Dios… ¡Deus Vult!
Mis labios ya han empezado a entonar el padrenuestro con el que siempre entro en combate, mientras mis pensamientos se recrean con el recuerdo de los besos de mi amada...
Pater Noster, qui es in coelis, santificeur nomen tuum...
Es hora de rendir cuentas a Dios…
Publicado por apertejo @ 13:53  | Alonso de Paones
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