martes, 26 de febrero de 2008

Reinaldo de Châtillon: (c.1125 - 4 de julio de 1187), fue un caballero francés que participó en la Segunda Cruzada, y permaneció en Tierra Santa tras el fracaso de la misma. Fue príncipe de Antioquía de 1153 a 1160, gracias a su matrimonio con la heredera del principado. blasón de Reinaldo de Châtillon

Al parecer, era un hijo segundón de Enrique, señor de Châtillon, descendiente de una familia de la nobleza media de Champaña, a la que también perteneció Eudes de Châtillon, papa Urbano II. Se unió a la Segunda Cruzada en 1147 para buscar fortuna. Entró al servicio de Constanza de Antioquía, cuyo primer marido había muerto en 1149, y se casó con ella en secreto en 1153, sin consultar al señor feudal de Constanza, el rey Balduino III de Jerusalén. Ni Balduino ni Aimery de Limoges, Patriarca Latino de Antioquía, vieron con buenos ojos el matrimonio de Constanza con un hombre de linaje inferior. Gracias a este matrimonio, Reinaldo se convirtió en príncipe de Antioquía. Atacó Chipre aduciendo que Manuel Comneno no le había pagado cierta cantidad de dinero. El Patriarca Latino de Antioquía se negó a sufragar los gastos de la expedición por lo que Reinaldo lo hizo torturar y ordena que se le desnudase, se le cubriesen las heridas de miel y se le dejase al sol. Después de un día de sufrir este tormento, el Patriarca aceptó financiar la expedición a Chipre. Tras esto, y con la amenaza de un ataque por parte del emperador de Bizancio, Reinaldo optó por humillarse: descalzo y andrajoso, suplicó públicamente el perdón del emperador, postrándose ante él. En 1159 se le obligó a pagar tributo a Manuel como castigo por su ataque, y se comprometió a aceptar un Patriarca griego de Antioquía. Cuando Manuel visitó Antioquía al año siguiente para encontrarse con Balduino III de Jerusalén, Reinaldo entró en la ciudad conduciendo de la brida el caballo de Manuel, expresando así su sumisión al emperador.

En 1160, Reinaldo fue capturado por los musulmanes durante una expedición de saqueo contra los campesinos sirios y armenios de Marash. Estuvo confinado en Alepo durante diecisiete años y sólo fue liberado cuando se pagó la extraordinaria suma de 120.000 dinares de oro, en 1176. contrajo matrimonio con otra viuda rica, Estefanía de Milly, viuda de Hunfredo III de Torón y de Miles de Plancy, y heredera del señorío de Transjordania, incluyendo los castillos de Kerak y Montreal, al sudeste del Mar Muerto. Estas fortalezas controlaban la ruta de las caravanas entre Egipto y Damasco, y permitían el acceso al Mar Rojo.

Que Reinaldo de Châtillon no era un alma cándida, parece claro. Pero de ahí a colocarle como en la película de El Reino de los Cielos, como un loco de atar, cruel, despiadado y psicópata, media un abismo. Como caudillo militar fue bastante bueno, pues venció, en clara inferioridad numérica a Saladino en Montgisard. Lo mismo que en Le Forbelet. La derrota de Hattin no fue su culpa, pues no parece que fuera el que apostara por pasar la noche en Maskada.

Y sobre los asaltos a las caravanas, hay que puntualizar varias cuestiones: la primera, y como dice Tyermann en Las Guerras de Dios, Saladino enviaba escoltas armadas desproporcionadas, sobornaba a los beduinos y habitantes de la Transjordania, inquietaba sus fronteras y nadie parecía tomárselo en serio. Reinaldo decidió actuar, pero no motivado por la codicia, sino para enviar un claro mensaje a Saladino. Y sobre el ataque corsario en el Mar Rojo a peregrinos y barcos de comercio, no tengo más que decir que es una buena acción de guerra. Los peregrinos habían estado siendo atacados desde el principio, por lo que no parece que eso fuera muy importante. Conviene señalar que el nacimiento de los templarios es para escoltar a los peregrinos a los Santos Lugares... Hay un dato que conviene conocer: Saladino, además de sultán, era protector de los Santos Lugares musulmanes. Si Reinaldo atacó las cercanías de La Meca, no fue por el botín, sino para menoscabar la imagen y reputación de su enemigo. De hecho, pienso, lo mismo que Tyermann, que la muerte de Châtillon a manos de Saladino (o uno de sus generales) obedeció más a la necesidad de librarse de un enconado enemigo que la excusa de la copa del agua y de la hospitalidad.


Publicado por apertejo @ 19:07  | Personajes
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viernes, 01 de febrero de 2008
Yo, Alonso de Paones, leones y caballero de la Orden de Santa María de Monte Gaudio, segundo hijo del conde de Sobarriba, vasallo del rey de León Fernando el Segundo, que es apodado El Noble, soy uno de los últimos cuatro hermanos de la orden que queda en Tierra Santa.

Hemos luchado contra Saladino e incluso le hemos vencido en alguna ocasión; sin embargo no hemos sido capaces de salir victoriosos de las intrigas palaciegas que nos han abocado a lo que hoy, día segundo de octubre del Año de Nuestro Señor de mil y ciento setenta y ocho, va a convertirse en una de las fechas más negras y míseras de la Cristiandad.
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Pero yo, por desgracia mía, no estoy tampoco libre de faltas al Altísimo. Quizá pude matar a Saladino y terminar con un enemigo poderoso de Dios, Nuestro Señor. Pero no lo hice; no pude. Aunque ese no es mi mayor pecado; el más miserable y pernicioso es que amo lo prohibido, y la imagen de mi amada Jimena ha estado, desde que casó con el conde de Mansilla, presente en las zozobras y tormentas de mi corazón.
Tanto es así, que ahora que me dispongo a acometer la última carga contra un grupo de infieles, pienso en ella para evitar que Dios tenga la más mínima duda, y este pecador, quede sepultado a los fuegos del infierno.
Aquí, en lo alto de la Colina del Gozo, desde la que los primeros cruzados vieron la Santa Ciudad y derramaron lágrimas de alegría, yo me dispongo a cerrar mis cuentas con Cristo y comenzarlas con el demonio y en el fuego eterno.
He picado espuelas y junto a mis compañeros de orden, los últimos cuatro caballeros de la Orden de Monte Gaudio que quedan en Tierra Santa, me dispongo a quedar en manos de Dios… ¡Deus Vult!
Mis labios ya han empezado a entonar el padrenuestro con el que siempre entro en combate, mientras mis pensamientos se recrean con el recuerdo de los besos de mi amada...
Pater Noster, qui es in coelis, santificeur nomen tuum...
Es hora de rendir cuentas a Dios…
Publicado por apertejo @ 13:53  | Alonso de Paones
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